miércoles, 27 de marzo de 2013

Hoy, ya hace tres años...


Hoy, se cumplen tres años de un suceso que marcó mi vida. 

No sé si fue una desgracia o una bendición por lo mucho que aprendí durante y después de ello. Aprendí que las cosas materiales son remplazables, efímeras y meramente eso, cosas materiales. Que una vida es mucho más importante que cualquier otra cosa. Pues teniendo vida puedes levantarte de las cenizas y seguir adelante.

El 27 de marzo de 2010, se incendió parte de mi casa. 

Aún recuerdo ese sentimiento cuando recibí las dos llamadas telefónicas más duras de mi vida. Una de mi primo y otra de mi padre. Estaba por dar función en ese momento. Me derrumbé, sí. Lloré. Pero gracias a Dios, y de verdad que le doy gracias, porque no había nadie en mi casa. Si no me hubieran dado doble llamado ese día, yo hubiera estado en la casa al momento del incendio y quizá hoy no estaría aquí. No lo sé. Y es que fue tan raro ese fuego...

Aprendí que hay gente honesta, que los bomberos hacen su trabajo y lo hacen muy bien; que los vecinos, a pesar de los problemas que puedes tener con ellos, están ahí para ayudar y preguntar cómo estás; aprendes quién es tu verdadera familia y quienes son las personas que quieres que estén para toda tu vida; que tus padres pueden ser los seres más fuertes aunque a momentos se les salgan las lágrimas, por pensar en si no hubiera llegado ese doble llamado para mi. Sí, aprendes que las personas y su cariño que puedan darte en vida es mucho más importante que cualquier otra cosa.

Reconozco que a la fecha no puedo oir una sirena de bomberos sin ponerme a llorar, pero no por el recuerdo de aquel incidente que ya quedó en el pasado, corregido por nueva pintura y algunos muebles. Sino de pensar que alguien pudo perderlo todo, que más que cosas materiales, a un ser querido. Lo cual, afortunadamente, yo no tuve que vivir.

Comparto esto con ustedes, para que con mi experiencia, hoy tengan algo en que reflexionar si es que se dieron el tiempo de leer esta publicación. Las cosas materiales se remplazan. Pero una persona no. De verdad, valoren lo que tienen, pues se puede perder en segundos.

Yo tuve que vivir, hace tres años, aquel incendio para abrir los ojos. Pero como dije, ya sólo es un recuerdo. Un buen recuerdo.


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