miércoles, 24 de abril de 2013

Día 3

Son las 11:45 de la noche en Hamburgo y apenas comienza a darme sueño. Ha sido una situación muy extraña porque a pesar de que estoy acostumbrado a dormir poco, el cambio de horario me pegó un poco y nos ha costado un poco a los que somos de la misma zona horaria.

Van tres días y me ha encantado esta ciudad que es muy distinta a la Ciudad de México. Acá, viajar en bicicleta es una costumbre que hemos aprendido a base de campanazos por caminar sobre la parte correspondiente de la acera que es para este medio de transporte. Sin embargo, mi paranoia parece ser finalmente útil y me permitirá sobrevivir.

Es impresionante como HafenCity es tan tranquila, que es donde está la D&F Academy, y Sternschanze, donde vivimos, está tan llena de lugares por visitar. Nos hemos dado cuenta que 10 semanas no serán suficientes para visitar todo lo que tan sólo Hamburgo nos ofrece.

Algo a lo que todavía no me acostumbro, además del idioma, es al sistema de trenes. No es como en la ciudad de México que uno va para un lado y el otro va de regreso. Los dos van hacia el mismo lado, pero no por eso quiere decir que el que pasa de un lado y del otro te lleven al mismo lugar, ni que dos que pases por el mismo lado sean de la misma línea. Sí, es tan complicado explicarlo como viajar en él, que hace rato ya me perdí con uno de mis compañeros.

El "Theater Project" apenas comienza mañana. Hasta ahora han sido presentaciones y familiarizarnos tanto con nuestro entorno como entre los compañeros.

Sin embargo, el inglés me cuesta algo de trabajo. Algunos hablan tan rápido que es imposible saber en qué parte te perdiste. Pero es maravilloso conocer a gente de todo el mundo con la que compartes algo mucho más fuerte que el idioma: la pasión por el teatro.

Va apenas el tercer día y ya hay tanto que contar. Seguramente para el día 69, el día que debo regresar a México, me sea difícil dejar esta ciudad que habrá sido para entonces mi hogar por 10 semanas. Pero mi corazón está en México. No, no sólo está en mi familia y mis amigos. Lo tiene una persona muy especial, de la cual me enamoré antes de venirme para acá.

Extraño mi país, extraño el sonido del español mexicano, extraño a mi gente y la extraño a ella. Ya sólo faltan 66 días... seguro se pasan volando.

Ahora, es tiempo de ir a dormir, que mañana tengo clase temprano.

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